miércoles, 20 de mayo de 2015

LAS VIRTUDES HUMANAS

Las virtudes morales
Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser humano para armonizarse con el amor divino.




La dimensión moral de la persona incluye la vivencia de las virtudes morales. Una virtud es un buen hábito. Una persona virtuosa es una persona buena, habitualmente buena, tiene costumbres buenas, se porta bien. Si las virtudes teologales tienen que ver con Dios directamente- son la fe, la esperanza, la caridad; las virtudes morales son formas de ser y vivir habitualmente bien, que forman la fisonomía de una persona buena, pero no tienen que ver directamente con Dios. Son virtudes humanas que componen lo que llamaríamos una buena y auténtica mujer. Si se quiere formar una personalidad íntegra, hay que trabajar en el cultivo y formación de estas virtudes.


“Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta” (Flp 4, 8). La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien que permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas. “El objetivo de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios” (San Gregorio de Nisa, beat. 1)

La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo: “El hombre cauto medita sus pasos” (Prov 14, 15). La prudencia es la regla recta de la acción, escribe Santo Tomás (Suma de Teología II-II, 47, 2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.

Por lo mismo, nos es indispensable adquirir esta virtud y practicarla en nuestra vida, especialmente si queremos aspirar a la vida espiritual, a la santidad. La prudencia requiere un gran espíritu de reflexión: quien no es capaz de analizar los problemas y valorar el bien y el mal en ellos, no puede tomar decisiones prudentes: “Prudente es quien sabe callar una parte de la verdad cuya manifestación sería inoportuna; y que callada no daña a la verdad que dice falsificándola; el que sabe lograr los buenos fines que se propone, escogiendo los medios más eficaces de querer y obrar; el que en todos los casos sabe prever y medir las dificultades opuestas y contrarias, y sabe escoger el camino del medio con dificultades y peligros menores; el que habiéndose propuesto un fin bueno e incluso noble y grande no lo pierde nunca de vista, logra superar todas las dificultades y llega a buen término; el que en todo asunto distingue la sustancia y no se deja importunar por los accidentes; el que une y dirige sus fuerzas para alcanzar la meta; el que como base de todo esto espera el éxito únicamente de Dios, en quien confía; y aunque no lo logre todo o no logre nada, sabe que ha obrado bien, y en todo ve la voluntad y la mayor gloria de Dios. La sencillez no tiene nada que contradiga a la prudencia, ni viceversa. La sencillez es amor; la prudencia, pensamiento. El amor ora, la inteligencia vigila. ‘Vigilate et orate’. Conciliación perfecta. El amor es como la paloma que gime; la inteligencia activa es como la serpiente que nunca cae a tierra, ni tropieza, porque va palpando con su cabeza todos los estorbos de su camino” (Beato Juan XXIIDiario del alma, 13 de agosto de 1961).

Por ello es indispensable no dejarse llevar por las impresiones provocadas por los sentimientos y las pasiones. Una regla concreta y práctica para tomar decisiones importantes, que tengan que ver con la propia vida o la de los demás es esta: para tomar las decisiones es preciso esperar los mejores momentos, es decir cuando hay serenidad y claridad; y nunca hay que replantearse tales decisiones en los momentos negativos, de oscuridad, dificultad, prueba, agitación de las pasiones o en presencia de sentimientos turbulentos.


En todos los aspectos de la vida es indispensable obrar con prudencia, y evitar, en la medida de lo posible, opciones equivocadas, provocadas por los engaños de las pasiones, de los sentimientos, o del egoísmo: "No es prudente, como se pretende con frecuencia, el que sabe situarse en la vida y sacar de ella el mayor provecho, sino el que sabe construir su vida según la voz de la recta conciencia y según las exigencias de la justa moral" (Juan Pablo II, 25-X-1978)..


La prudencia requiere muchas cualidades y virtudes. No se reduce a una capacidad de reflexión. Es muy importante lo que podríamos llamar la "afinidad con el bien". Es decir, ser hombres que practican siempre el bien, no sólo que conocen el bien, sino que están acostumbrados a practicarlo. Esta es una cualidad de la voluntad, que acostumbra optar por el bien. El que habitualmente obra según el bien, según la ley de Dios, adquiere una mayor afinidad, una predisposición natural de la voluntad hacia lo que es bueno. En los momentos difíciles, cuando no aparece tan claro el camino del bien, esta predisposición de la voluntad puede favorecer mucho la intuición de lo que debería ser el bien y ayuda a emitir un juicio "prudente"

 La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada la virtud de la religión. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común. El hombre justo, evocado con frecuencia en las Sagradas Escrituras, se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su conducta con el prójimo. “Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo” (Lv 19, 15). “Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un Amo en el cielo” (Col 4, 1). 
PIENSO QUE  TODOS TENEMOS VIRTUDES Y TENEMOS HABILIDADES EN NUESTRO DIARIO VIVIR 









¿QUÉ SON LOS DIEZ MANDAMIENTOS?

Los Diez Mandamientos son diez leyes en la Biblia que Dios dio a la nación de Israel poco después de su éxodo desde Egipto. Los Diez Mandamientos son esencialmente un resumen de los más de 600 mandamientos contenidos en la ley del Antiguo Testamento. Los primeros cuatro mandamientos tratan de nuestra relación con Dios. Los siguientes seis mandamientos tratan de nuestra relación con los demás. Los Diez Mandamientos están registrados en la Biblia enÉxodo 20:1-17yDeuteronomio 5:6-21y son los siguientes:

(1) “No tendrás dioses ajenos delante de mí.” Este mandamiento es contra la adoración de cualquier otro dios que no sea el único Dios verdadero. Todos los otros son dioses falsos.

(2) “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” Este mandamiento es en contra de hacer un ídolo, una representación visible de Dios. No hay imagen que podamos crear que pueda representar fielmente a Dios. El hacer un ídolo que represente a Dios es adorar un dios falso.

(3) “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” Este mandamiento prohíbe tomar el nombre del Señor en vano. No debemos tratar el nombre de Dios a la ligera. Debemos mostrar reverencia a Dios mencionándolo solo de manera honrosa y respetuosa.

(4) “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es de reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tu, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” Este es un mandamiento para apartar el sábado (el último día de la semana) como un día de reposo dedicado al Señor.

(5) “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” Este es un mandamiento para que siempre trates a tus padres con honor y respeto.

(6) “No matarás.” Este es un mandamiento contra el asesinato premeditado de otro ser humano.

(7) “No cometerás adulterio.” Este es un mandamiento en contra de tener relaciones sexuales con alguna otra persona que no sea tu esposo(a).

(8) “No hurtarás.” Este mandamiento es en contra de tomar cualquier cosa que no nos pertenezca sin permiso de la persona a quien pertenece.

(9) “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.” Este mandamiento es en contra de testificar falsamente contra otra persona. Es esencialmente un mandamiento contra el decir mentiras.

(10) “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.” Este es un mandamiento en contra de desear cualquier cosa que no te pertenezca. El codiciar puede conducir a quebrantar los mandamientos antes mencionados: matar, adulterar y robar. Si está mal hacer algo, está igualmente mal el desear hacerlo.


LA LEY DE DIOS ES como una estrella que guía al hombre-peregrino en su camino. La importancia de la ley de Dios no disminuye con los siglos, por el contrario cuanto más se complica la vida con las encontradas opiniones de los humanos, tanto mayor es la necesidad que tiene el hombre de una guía con autoridad clara, como son los mandamientos de Dios.
La ley de Dios es la luz que ilumina la mente y caldea el corazón. Así lo comprendían aquellos que buscaban encontrar un sentido superior a sus vidas: "Tu ley es mi consuelo... Cómo quiero yo tu ley! Ella es mi meditación de todo el día... Por tus mandamientos me hiciste más sabio que mis enemigos... Para el que ama tu ley es todo paz, no conoce tropiezo" - escribían los antiguos justos profetas, el rey David y otros (Sal. 18:1, 77, 97-98, 165).
Los mandamientos de Dios son comparables con las leyes de la naturaleza: ambos tienen por fuente al creador y se completan naturalmente, porque éstas regulan la naturaleza inanimada mientras que los primeros configuran la base moral del alma humana. La diferencia entre ambos consiste en que la materia obedece incondicionalmente a las leyes físicas, mientras que el hombre goza de libre albedrío para obedecer o no a las leyes morales. Al conceder al hombre la posibilidad de elegir libremente, Dios manifiesta su gran misericordia y esta libertad es la que permite que el hombre crezca espiritualmente y se perfeccione, inclusive que llegue a asemejarse a Dios. Sin embargo, este albedrío implica en el hombre la responsabilidad de sus actos.
La transgresión consciente de los mandamientos de Dios conduce a la degradación espiritual y física, a la esclavitud, a los padecimientos y finalmente a la catástrofe. Por ejemplo, antes que Dios hubiera creado el mundo visible, tuvo lugar una tragedia en el mundo angélico cuando el orgulloso Lucifer se reveló contra el Creador y formó con otros ángeles su propio reino que resultó ser el sitio de las tinieblas y del horror, llamado infierno. Ya durante la existencia de la humanidad, otra tragedia se produjo cuando nuestros ancestros, Adán y Eva, inflingieron el mandamiento de Dios. En consecuencia, el germen del pecado de la desobediencia se transmitió a sus descendientes y la vida de los hombres se llenó de delitos, sufrimientos y desgracias. Dentro de las catástrofes de menor envergadura hay que incluir el Diluvio Universal que fue un castigo para los contemporáneos de Noé; la destrucción de Sodoma y Gomorra; la aniquilación del reino de Israel primero, luego el de Judea en tiempos de Nabucodonosor, y nuevamente en el año 70 de nuestra era; la caída del imperio bizantino y del ruso; y muchas otras calamidades que sufren diversos países por los pecados de sus habitantes.
Al comparar las leyes de la naturaleza con los mandamientos de Dios, es preciso destacar que las leyes de la naturaleza son temporarias y condicionales: han surgido junto con el mundo físico y probablemente dejarán de existir con él (es la opinión de algunos científicos contemporáneos). Las leyes morales en cambio, son eternas, porque incluyen normas fundamentales de la moral de los inmutables ya que reflejan la esencia del perenne e invariable Creador.
Los fundamentos de la ley moral están impuestos por el Creador dentro de la misma naturaleza espiritual del hombre. Sentimos la presencia de esta ley en nosotros en cada vez que nuestra conciencia nos indica qué conviene y qué no conviene hacer. Comparando la ley moral inserta en el alma humana con la ley de las Sagradas Escrituras encontramos que poseen el mismo contenido: los mandamientos de Dios confirman en una forma concreta lo que le dice a nuestro corazón un sentimiento interior, llamado conciencia.
En el presente folleto hablaremos de los Diez Mandamientos (el decálogo) que constituyen el fundamento de todos los sistemas legislativos, antiguos y modernos. Relataremos sucintamente las circunstancias en que fueron encontrados y luego revelaremos su significado para la vida del cristiano.

LO QUE PIENSO :
pienso que nosotros como seres humanos, tenemos muchas tentaciones , ya sen pensamientos, palabras , actos, etc.., estamos en un mundo que esta lleno de pecado. Sabemos que aquí no hay nadie perfecto, solo Dios , por eso les digo que no se trata de ser perfectos sino de cada día antes de que salga el sol, pedirle fuerzas a nuestro padre celestial que nos ayude a controlarnos, y nos ayude hacer el bien 
"SER OBEDIENTES ES DE VALIENTES"


"JESÚS DERRAMO SU SANGRE, PARA EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS"......